A veces llegan personas a terapia diciendo algo así como: “no sé qué me pasa” o “no sé cómo explicarlo”. Durante las sesiones, con tiempo y espacio para la conversación y el registro, eso empieza a tomar forma.
No siempre sabemos cómo decir lo que sentimos
Para empezar terapia no es necesario llegar con una definición clara acerca de lo que te pasa. A veces lo primero que aparece no son palabras, sino algo que se manifiesta: puede que te pese, te incomode, se repita o que se vuelva difícil de sostener. Quizá aparezca irritabilidad, cansancio, tensión en el cuerpo o una angustia difusa. O la sensación de estar funcionando en piloto automático.
En algunos casos puede costar saber si esas sensaciones son “suficientes” como para empezar terapia. Quizá te sirva saber que un proceso terapéutico puede -y suele- empezar sin claridad.
Cuando lo que te pasa se manifiesta en el cuerpo
Podés sentir como un nudo en el pecho, presión en la garganta, tensión en la mandíbula, cansancio, opresión, inquietud, dificultad para respirar profundo, dolor de panza, insomnio, una sensación general de incomodidad. La lista podría continuar.
Otras veces no aparece como un síntoma manifiesto, sino como desconexión: hacer muchas cosas durante el día sin terminar de registrar cómo estás realmente. Estar gran parte del tiempo resolviendo tareas, respondiendo mensajes, trabajando, sosteniendo vínculos, mirando pantallas y pasando de una cosa a otra sin estar presentes.
En ese ritmo, puede no haber espacio para detenerse y registrar lo que sentís mientras sucede. Y cuando aparece un momento de pausa, puede aparecer un malestar difuso.
Pensar mucho no es lo mismo que registrar
Hay personas que tienen gran capacidad para analizar lo que les pasa. Piensan, relacionan, buscan causas, leen, escuchan podcasts, comparan experiencias, buscan entenderse.
Esto es un recurso muy útil, pero puede perderse en un loop infinito si no se registra la experiencia.
Podés saber explicar muy bien una situación y, al mismo tiempo, no saber qué te pasa cuando hablás de eso. Podés entender racionalmente que algo “no es tan grave” y, sin embargo, sentir un nudo en el pecho cada vez que aparece.
Por eso, en mi abordaje en terapia —y también en algunas prácticas de conciencia corporal— no se trata solamente de encontrar explicaciones.
También nos detenemos en cómo se vive eso en el momento: qué cambia en la respiración, qué se tensa, qué se afloja, qué emoción aparece, qué palabra cuesta decir, qué sensación insiste. Desde ahí, se puede construir un registro más sensible de la propia experiencia.
Poner en palabras lo que se siente en el momento
Comúnmente poner en palabras lo que nos pasa suele ser parecido a relatar algo que sucedió o encontrar la definición de un problema. En las sesiones suelo invitar también a describir lo que sentís en el momento: “siento presión acá”, “me cuesta respirar cuando hablo de esto”, “me aparece tristeza”, “no sé si es enojo o cansancio”, “algo se me cierra”, “siento alivio al decirlo”. El trabajo aparece cuando empezás a registrar lo que pasa en tu cuerpo y a encontrar palabras para dar matices a lo que te pasa.
A veces es hablar sobre la experiencia y otras veces desde la experiencia.
Registrar sensaciones agradables
Cuando hablamos de escuchar el cuerpo, lo primero que suele aparecer en el contexto de la terapia son síntomas, manifestaciones del malestar: tensión, dolor, angustia, ansiedad, cansancio. Pero registrar el cuerpo también implica reconocer alivio, calma, placer, descanso, entusiasmo, curiosidad, comodidad, presencia o disfrute.
Sentir el cuerpo también tiene que ver con disfrutarlo.
Hay veces que recibo consultas iniciales en las que lo único que se registra es lo que duele o genera incomodidad. A lo largo del proceso terapéutico comienza a aparecer la posibilidad de registrar lo que hace bien, lo que orienta, lo que da energía o lo que permite sentir más presencia.
Ese registro a veces necesita práctica, tiempo, un espacio y un vínculo que lo habilite.
¿Hace falta saber qué decir para empezar terapia?
No. No hace falta llegar a terapia teniendo todo claro. No hace falta tener perfectamente definido el motivo de consulta. Y tampoco hace falta saber exactamente cómo explicar lo que te pasa.
Alcanza con registrar que algo no anda bien, que puede andar mejor, que hay algo que se volvió difícil de sostener o que necesitás un espacio donde parar y escucharte de otra manera.
En terapia online es posible trabajar sobre esto en un espacio de conversación, escucha y registro de la propia experiencia.
Incluso, para algunas personas, hacer terapia online en español o con una psicóloga argentina facilita que aparezcan matices, formas de hablar y modos de nombrar lo que quizás en otro idioma resultarían más difíciles de expresar.
Un espacio para empezar a registrar lo que te pasa
El primer paso no siempre es saber decir exactamente qué te pasa, sino poder reconocer que necesitás un espacio para detenerte, donde no tengas que resolver todo con urgencia. Un espacio donde puedas registrar lo que sentís, ponerlo en palabras de a poco y escuchar qué aparece cuando eso empieza a tener lugar.
Si sentís que algo de esto te resuena, podemos tener una primera videollamada sin costo para conocernos y ver si este espacio es para vos.
Carolina Becker Psicóloga
Visitá mi web: psicologaonlineargentina.com